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xAI adquiere X en una operación interna valorada en 45.000 millones

xAI adquiere X en una operación interna valorada en 45.000 millones

  • Elon Musk fusiona sus empresas xAI y X en una transacción accionarial que valora la red social en 33.000 millones y consolida su uso como fuente de datos para IA.
Elon Musk - xAI

Elon Musk ha formalizado la absorción de su red social X, anteriormente conocida como Twitter, por parte de su startup de inteligencia artificial xAI. La operación, anunciada el pasado viernes, se ha cerrado mediante un canje de acciones que valora a X en 33.000 millones de dólares, incluyendo 12.000 millones en deuda, y sitúa a en los 80.000 millones. La transacción no ha implicado movimiento de capital externo ni entrada de nuevos inversores.

Ambas compañías ya compartían infraestructuras, personal e incluso productos, como el chatbot Grok, desarrollado por xAI y disponible dentro de la plataforma X. Musk justificó la integración señalando que “el futuro de xAI y X está entrelazado” y que la unión permitirá combinar “datos, modelos, potencia de cómputo, distribución y talento”. Según el propio empresario, esta fusión permitirá crear “experiencias más inteligentes” a gran escala.

La maniobra recuerda a otras integraciones anteriores dentro del entramado empresarial de Musk, como la compra de SolarCity por Tesla en 2016. En esta ocasión, la operación presenta particularidades por tratarse de dos entidades privadas controladas por el mismo propietario y con estructuras financieras muy distintas.

Dos trayectorias divergentes: la depreciación de X frente al ascenso de xAI

Desde que Musk adquirió Twitter en 2022 por 44.000 millones de dólares, la empresa ha sufrido un fuerte deterioro en su valoración. A finales de 2023, firmas como Fidelity estimaban el valor de X en torno a 12.000 millones, en gran parte debido a la caída de ingresos publicitarios y al deterioro de la imagen pública de la plataforma. Según CNBC, en enero de este año, Musk comunicó a sus empleados que los ingresos eran “poco impresionantes” y que la empresa apenas alcanzaba el punto de equilibrio.

En paralelo, xAI ha experimentado una evolución ascendente desde su fundación en 2023. En diciembre, la compañía recaudó 6.000 millones de dólares en una ronda de financiación que elevó su valoración hasta los 40.000 millones. Según Reuters y The Verge, en negociaciones más recientes con inversores, esa cifra habría alcanzado los 50.000 o incluso 75.000 millones. La fusión con X eleva ahora la valoración total de xAI a 80.000 millones, sin que se hayan divulgado los términos exactos del canje accionarial para los inversores de X.

Transferencia de valor y reutilización de activos

La integración también permite a Musk reordenar activos entre sus empresas, trasladando valor desde una compañía en declive hacia otra en ascenso. Una práctica que ha sido comparada por analistas como Andrew Verstein, profesor en la Facultad de Derecho de la UCLA, con la reutilización de recursos entre filiales: “No sabías si estabas en el lado que daba o el que recibía”. Al unificar ambas firmas, añade, “todo se revuelve en la misma olla”.

Las sinergias eran visibles desde hace meses. Grok, el chatbot desarrollado por xAI, se entrena con datos procedentes de X y se ha convertido en una herramienta destacada dentro de la aplicación. A comienzos de marzo, el sistema fue habilitado también en Telegram. Además, fuentes de The New York Times revelaron que parte de los ingresos recientes de X provienen de pagos por licencia de datos realizados por xAI, lo que evidencia un flujo interno de recursos entre ambas entidades.

El valor de los datos y la redefinición de X

Desde una perspectiva técnica, la operación permite consolidar el acceso de xAI a una vasta base de datos de conversaciones humanas, interacciones y patrones de comportamiento. Esto proporciona una ventaja competitiva para el desarrollo de modelos de lenguaje como Grok-3, presentado en febrero, y respalda la construcción del superordenador Colossus, en Memphis, destinado a entrenar estos modelos a gran escala.

Sin embargo, esta integración refuerza la transformación de X desde una plataforma de comunicación hacia un recurso estratégico para alimentar sistemas de . Como apuntan expertos en economía de la conducta, esta dinámica convierte a los usuarios en materia prima para algoritmos cuyo funcionamiento resulta opaco incluso para los propios desarrolladores.

Oportunidades, incertidumbre y reacción de inversores

Los efectos de la operación sobre los inversores de X dependen en gran medida de la proporción de acciones de xAI que hayan recibido a cambio. Como señaló Eric Talley, profesor en la Facultad de Derecho de Columbia, “si se demuestra que los términos del intercambio favorecen claramente a una de las partes, algunos accionistas podrían sentirse perjudicados”.

Empresas de capital riesgo como Andreessen Horowitz, Sequoia Capital, Vy Capital y Kingdom Holding ya participaban como inversores en ambas compañías. Por tanto, esta consolidación podría simplificar estructuras y optimizar recursos, aunque los beneficios reales dependerán del rendimiento futuro de xAI en un mercado altamente competitivo dominado por actores como OpenAI, Microsoft y Anthropic.

Mientras tanto, la CEO de X, Linda Yaccarino, expresó su entusiasmo en una comunicación interna filtrada por The New York Times, donde calificó el movimiento como “un paso extremadamente emocionante para todos”. Sin embargo, no se han anunciado mejoras visibles para los usuarios de la plataforma ni cambios operativos inmediatos.

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Reacciones, contexto político y modelo de negocio

La operación se produce en un momento donde Musk mantiene una alta exposición política. Desde principios de año, ha incrementado su presencia en Washington D.C., y ocupa un cargo como responsable del Departamento de Eficiencia Gubernamental, vinculado a la administración Trump. Además, ha canalizado más de 300 millones de dólares en apoyo a candidatos republicanos.

Esta convergencia entre intereses empresariales, políticos y tecnológicos acentúa el carácter transversal de su estrategia, donde sus empresas funcionan como piezas conectadas de un mismo engranaje. En palabras de Musk, X se configura como “la plaza pública digital”, mientras que xAI avanza con la ambición de “comprender la verdadera naturaleza del universo”.

Nuevas implicaciones para los usuarios y el futuro de X

Más allá de su significado financiero, la absorción de X por xAI plantea interrogantes sobre el papel de los usuarios en plataformas digitales controladas por sistemas algorítmicos. El uso intensivo de datos personales para el entrenamiento de modelos de lenguaje, sin mecanismos claros de transparencia o consentimiento, acentúa una tendencia donde la atención, la interacción y la huella digital de los individuos son transformadas en activos comerciales.

El caso X-xAI refuerza esta lógica, consolidando un modelo de negocio en el que el usuario deja de ser el destinatario del servicio para convertirse en insumo del sistema. Esta perspectiva ha generado preocupación en sectores sociales y expertos en ética tecnológica, especialmente tras conocerse que Colossus —el supercomputador de xAI— funciona con turbinas de gas natural y planea construir instalaciones adicionales sin supervisión ambiental clara, según CNBC.

La compra de X por parte de xAI no solo reestructura la propiedad empresarial, sino que redefine el propósito y la función de una de las plataformas digitales más influyentes de la última década. Un cambio que transforma una red social en un activo estratégico destinado a alimentar los modelos que darán forma al futuro de la inteligencia artificial.

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