

Editor en La Ecuación Digital. Consultor de Innovación y Estrategia…
OpenAI ha implementado restricciones temporales en su nueva herramienta de generación de imágenes dentro de ChatGPT, tras un aumento significativo en su uso. Esta funcionalidad permite a los usuarios transformar fotografías personales o memes de Internet en ilustraciones al estilo del estudio japonés Studio Ghibli, lo que ha generado tanto entusiasmo popular como cuestionamientos legales y éticos.
La compañía anunció la medida tras constatar un sobreuso de sus recursos computacionales. «Nuestros GPUs se están derritiendo», publicó en la red social X el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, sin precisar el límite exacto de uso ni la duración de la restricción.
Capacidad técnica y conflictos sobre propiedad intelectual
Según un documento técnico publicado por OpenAI, el sistema adopta un “enfoque conservador” para evitar emular a artistas vivos, mediante un filtro que impide generar imágenes que imiten directamente su estilo. Sin embargo, sí permite la creación de obras inspiradas en estilos de estudios reconocibles, como el de Studio Ghibli, sin especificar si cuenta con una licencia para ello.
El uso de un estilo visual tan estrechamente vinculado con el trabajo de Hayao Miyazaki, cofundador del estudio japonés, ha reavivado el debate sobre el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial con material protegido por derechos de autor. Josh Weigensberg, abogado del bufete Pryor Cashman, señaló que la situación plantea la cuestión de si OpenAI tiene permiso para usar obras de Ghibli en el entrenamiento de sus modelos. “Si se utiliza sin consentimiento ni compensación, podría ser problemático”, afirmó en declaraciones a Associated Press.
OpenAI, contactada por Euronews Next, no ha confirmado si dispone de derechos para utilizar el material visual del estudio japonés.
Reacciones del sector artístico y uso institucional
La respuesta de parte del sector artístico ha sido crítica. Karla Ortiz, artista visual y demandante en una causa judicial pendiente contra generadores de imágenes por IA, calificó la iniciativa como una forma de “explotación”. Según Ortiz, el uso del nombre, estilo y reputación de Ghibli con fines promocionales representa “una falta de respeto” hacia los artistas.
Por su parte, ni Studio Ghibli ni Miyazaki han emitido comentarios sobre esta herramienta en concreto. No obstante, en el pasado, Miyazaki ha manifestado su oposición frontal a la animación generada por inteligencia artificial. En una grabación documental de 2016, expresó sentirse “profundamente disgustado” tras presenciar una demostración de IA aplicada al arte visual. “Siento que esto es un insulto a la vida misma”, dijo entonces.
Mientras tanto, usuarios y entidades oficiales han compartido públicamente imágenes generadas con esta función. Altman y la cuenta de la Casa Blanca en X publicaron avatares estilizados con estética Ghibli, al igual que representaciones de figuras virales como el tirador turco Yusuf Dikec o la imagen popular conocida como “Disaster Girl”.
El trasfondo de las disputas por entrenamiento con contenidos protegidos
Este nuevo episodio se suma a otras causas abiertas contra OpenAI por el uso de contenidos protegidos en el entrenamiento de sus modelos. Diversos medios de comunicación estadounidenses han denunciado que parte de sus artículos fueron empleados sin autorización para nutrir el sistema de lenguaje de la empresa.
En el caso del estilo de Ghibli, el punto central radica en si se trata de una representación “inspirada” o de una reproducción sustancial del trabajo original. En ausencia de un marco legal definitivo sobre el entrenamiento de modelos con datos creativos protegidos, el sector tecnológico y el artístico continúan enfrentados sobre los límites y usos legítimos de estas herramientas.
El equilibrio entre innovación técnica y derechos creativos
La popularidad del nuevo generador de imágenes pone de relieve el creciente atractivo de la personalización visual mediante IA. Sin embargo, también evidencia las tensiones estructurales entre la evolución tecnológica y la protección de la propiedad intelectual. Mientras OpenAI se enfrenta a retos técnicos derivados de la demanda, la presión legal y social sobre el uso de estilos reconocibles sin licencia aumenta.
El caso pone nuevamente en primer plano la necesidad de establecer estándares claros sobre qué constituye una infracción cuando una herramienta de inteligencia artificial reproduce elementos visuales estrechamente vinculados a creadores vivos o estudios reconocidos.